Andereño, un viaje de emociones

Cuando vamos al teatro en familia esperamos tener una experiencia entretenida y divertida con la cual reír , pero cuando te encuentras con propuestas escénicas que te remueven el cuerpo es entonces cuando se muestra la verdadera necesidad de un teatro cercano a las temáticas actuales, a su realidad social e histórica.

Era una tarde lluviosa y decidimos ir al teatro, nos gusta ir a ver títeres y pasar una tarde en familia, revisamos la cartelera cultural y entre toda la programación elegimos ir a ver la obra Andereño.

Esta puesta en escena es la más reciente producción de Anita Maravillas, una agrupación titiritera que nació en 2005, sus creadoras son Miren Larrea y Valentina Raposo. Sus propuestas escénicas están marcadas por la experimentación en la relación animador-títere y por la investigación del lenguaje visual en el teatro de títeres y objetos. Andereño fue estrenada en 2023 y es una invitación para dialogar con los más pequeños sobre temas como la guerra, la muerte, la resiliencia y la inmigración forzada. La sutileza en el lenguaje escénico y la sensorialidad son las características que más llamaron mi atención pues son las que marcan la forma en que abordan estos temas tabúes con las audiencias más jóvenes.

Llegamos al teatro justo a tiempo, faltaban pocos minutos para que diese inicio la función. La expectativa de las niñas y su poca paciencia de espera hicieron que ese momento se sintiera eterno. Como es costumbre en el teatro el inicio es marcado por unas luces tenues que van aumentando poco a poco junto a la curiosidad del público. Ante nuestros ojos aparece una escuela rural.

La escena está dispuesta sobre una plataforma inclinada que hace que la parte trasera esté elevada y el proscenio este a casi ras del suelo del escenario. Esa inclinación nos señala un espacio inestable, idea reforzada por la disposición de las sillas y mesas que están en total desequilibrio, lo cual crea una percepción inquietante en concordancia con el reflejo de la inestabilidad político-social de la segunda república española, época en la que se desarrolla esta obra.

Un aula de clases rural es el espacio en el que veremos y viviremos la historia de tres estudiantes: Kattalin, una cabrita con carácter tenaz, creativa y muy vital ella cuida de sus hermanos pequeños mientras intenta estudiar, el gallito valiente hijo de un gallo militar, en este niño vivimos su afición por la poesía en contraposición a la educación machista de su padre y por último el conejo tímido y miedoso es un niño huérfano que con su ternura logra conectar con el espectador. El personaje principal, la andereño, es una zorra, tierna, astuta con una capacidad de adaptabilidad y entrega a su tarea docente. Es totalmente acertada la elección de estos arquetipos de animales para la caracterización de cada uno de los personajes. Les proporciona características que reafirman sus identidades y carácteres a cada uno de ellos. La escenografía es versátil, tiene trampillas que serán elementos sorpresas y junto al diseño de luces nos llevará a recrear los espacios íntimos de cada personaje.

Una característica intrínseca al títere es su poder de distanciamiento, esto genera momentos de reflexión y provoca la risa inocente en los espectadores ante escenas realmente tristes, cualidad utilizada en varios momentos claves de la obra. La historia nos cuenta la vida cotidiana de estos niños marcada por la pobreza y las dificultades de su época, pero también por la esperanza y la amistad. Las animadoras manipuladoras desempeñan un rol protagónico en la escena, mientras animan a los personajes pueden representar a las figuras adultas al mismo tiempo. Por momentos son los militares, por momentos las mujeres, las madres y con sus miradas y gestos establecen con el público cierta complicidad emocional, ellas también son espectadoras de la historia de andereño. Todas estas características son parte de la propuesta de actuación y animación y provee a la puesta en escena de un ritmo dinámico, logra un ahorro de recursos a la hora de poder jugar con más elementos en la escena. Maren Basterretxea y Valentina Raposo son las actrices que dan vida a esta historia. El vestuario compuesto por unas batas amplias que cubren el conjunto interior de color olivo le brinda versatilidad para la caracterización de los diversos personajes al mismo tiempo su presencia en escena es discreta, el foco siempre está puesto en los títeres.

Y sin darnos cuenta nos llega el punto de giro más importante. En el teatro sólo resuena el sonido de las bombas, aviones y una melodía inquietante. En la escena las actrices juegan con unos pequeños aviones militares, la sombra de los aviones y el ambiente oscuro crean una atmósfera incierta anticipación al clímax y la guerra inminente. Las sombras de los aviones son generadas por la luz de pequeñas linternas, estas imágenes se proyectan fuera del espacio de la escuela, la amenaza se cierne sobre todos los personajes, avizora la destrucción de todo.

El público se incomoda, en la sala todo es silencio, el ambiente se vuelve angustioso. Mis hijas aprovechan para agarrarme de la mano, una de ellas se acurruca encima mío. El público teme que se acerca el inminente final trágico de nuestra andereño.

En el clímax de la obra podemos experimentar una catarsis a partir de la escena poética realizada casi en cámara lenta. La andereño está con sus alumnos en el aula de clase, los protege de las bombas escondiendolos en el sótano de la escuela, logra cerrar la pequeña puerta y al intentar escapar, el sonido de una bomba nos invita a imaginar su muerte, su cuerpo vuela por los aires y cae inerte. A la expectativa del destino de los estudiantes de esta escuela rural se nos muestra una escena esperanzadora pues son rescatados y se embarcan hacia una nueva historia, una nueva vida. Una imagen que rememora a los niños vascos de la guerra migrando en el buque Habana, este es el símbolo del éxodo de miles de niños que han huido y huyen de la guerra.

El ritmo de la obra cambia y la dinámica en escena también, esto a causa de la incorporación de un recurso digital: la proyección de imágenes. Se nos abren las páginas ilustradas de una nueva historia. En diferentes pizarras se proyecta el devenir de cada uno de los personajes y sus vidas en el exilio. Este recurso digital relaja la tensión provocada por el clímax y da un poco de tranquilidad e ilusión. El final es circular y resiliente. Aparece Kattalin adulta, aquella cabrita regresa a su país como andereño. Esta representación de la esperanza, la continuidad de la vida a pesar de las adversidades nos deja un mensaje positivo. La imagen final en la cual la actriz se presenta en medio de la escena con una máscara de Kattalin y en la mano un maletín nos muestra la grandeza y la fuerza ante lo vivido. Primer día de clases y sus pensamientos reviven su infancia y el recuerdo de la voz de su andereño.

Esta escena final produce una sentimiento de ternura en todo mi cuerpo, pues el grupo de títeres Anita Maravillas logra crear una experiencia emotiva que invita a reflexionar sobre problemáticas actuales a partir de momentos históricos pasados. Un ejercicio de memoria necesario para repensar nuestro presente.

Andereño nos muestra cómo el títere es una técnica de teatro poderosa para abordar temas difíciles con la infancia. Andereño es una obra conmovedora que nos hace transitar por la resiliencia y la esperanza.

Se abren las puertas para salir de la sala, en la calle cae una brisa ligera, nos damos prisa pues ya es de noche. En esta ocasión el regreso a casa fue un viaje intenso y aunque no demoramos mucho en llegar los minutos se hicieron largos ante las preguntas de dos niñas pequeñas que se identificaron con cada uno de los personajes y que desde su visión inocente e infantil daban soluciones a sus propias preguntas, intentando entender lo que significa la tragedia humana.

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